Vivimos en mundo rodeado de prisas, estrés, presión e infinitos desafíos. Los adultos sabemos lo que es “de verdad” la vida y luchar en todos los frentes. Sobrevivir en el mundo que nos rodea exige que tengamos la mente “bien asentada“, unos valores sólidos y un criterio impecable. En contra de los valores que predica nuestra sociedad, hay que ser una persona reflexiva.
Tu hijo ha hecho algo incorrecto y estás enfadado con él. Reñirle, castigarle, catalogarle o ridiculizarlo no va a conseguir que la próxima vez lo haga mejor: “a ti te pasa algo, no es normal lo que acabas de hacer”, “eres un inútil; se acabó, te has quedado sin ordenador durante el fin de semana”, etc
Hacerle sentir mal no va a conseguir que tu hijo aprenda de sus errores, ni que recapacite. Se sentirá tan mal, consigo mismo (“soy malo, soy tonto, no sirvo para nada“) o contigo (“te odio, la culpa es tuya, esto es una injusticia, ojalá te murieras”), y no pensará en rectificar sino que concentrará todas sus emociones en odiarte, sentirse incomprendido o echarte la culpa de todo.
Si quieres que se porte bien haz que se sienta bien. Es humano equivocarse y mucho más si el que se equivoca es un niño. De hecho, los niños ni siquiera se equivocan: tan solo crecen y maduran y ese proceso conlleva errores, naturales y muy legítimos. Tu trabajo consiste en convertir cada error en una oportunidad de crecimiento y de mejora. Alégrate cada vez que tu hijo se equivoque porque tienes en tus manos la posibilidad de enseñarle a ser mejor.
Es interesante, me gusta un fragmento que se ha repetido en un par de entradas: “Si quieres que se porte bien haz que se sienta bien.”